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Estás a pocos días de viajar al Caribe. Todo está resuelto: el hotel frente al mar, las excursiones, la lista de playas que querés pisar. Pero hay un problema que no aparece en ninguna reserva: el vuelo.
No sos el único. Cada temporada, una parte importante de quienes vuelan a Punta Cana, Cancún o cualquier otro punto del Caribe siente algún grado de ansiedad antes de subir al avión más todavía cuando el trayecto dura ocho, nueve o diez horas y buena parte del recorrido pasa sobre el océano, sin una sola luz de tierra a la vista. La buena noticia, y esto lo digo después de más de 25 años trabajando en turismo y aviación, es que ese miedo tiene explicación. Y tiene manejo.
Este artículo nace de la unión de dos miradas. La mía, formada emitiendo pasajes y viendo despegar a miles de viajeros algunos entusiasmados, muchos con temor real. Y la de Vicky Curti, terapeuta Gestáltica Integrativa formada en la Escuela Gestalt Viva Claudio Naranjo (Uruguay), con más de 20 años acompañando a personas y familias, y colaboradora del Programa SAT Uruguay. Porque entender por qué un avión no se cae no alcanza si no entendés, también, qué te está pasando a vos por dentro cuando el miedo aparece.

Respuesta rápida
¿Se puede superar el miedo a volar al Caribe? Sí, en la gran mayoría de los casos. La causa casi nunca es el avión en sí, sino la incertidumbre, el miedo a las turbulencias o la sensación de perder el control durante un vuelo largo sobre el océano. Entender cómo funciona realmente un vuelo comercial (redundancia de sistemas, entrenamiento de pilotos, diseño estructural, rutas certificadas), preparar el viaje con anticipación y aplicar técnicas de respiración y de regulación emocional reduce de forma real la ansiedad. No hace falta eliminar el miedo por completo para viajar: alcanza con que deje de ser lo que decide si vas o no.
Por qué un vuelo al Caribe genera más ansiedad que uno corto
No es casualidad que el miedo a volar se dispare justo con este tipo de viaje. Hay una combinación de factores que lo explica, y entenderla ya es el primer paso para bajarle intensidad.
La duración. Un vuelo de ocho a diez horas desde Sudamérica es, para el cuerpo y la mente, un tiempo largo de exposición sostenida a una situación que no controlás. Cuanto más dura el vuelo, más tiempo tiene la ansiedad para retroalimentarse a sí misma.
El océano. Gran parte de la ruta transcurre sin ver tierra. Para alguien con tendencia a la ansiedad, no ver un punto de referencia concreto activa la sensación de estar “sin red” aunque, como vas a ver más abajo, esa sensación no se corresponde con la realidad operativa del vuelo.
El desconocimiento técnico. La mayoría de los pasajeros no sabe cómo funciona un despegue, qué hace un piloto ante una turbulencia o por qué el avión no cae cuando se mueve. Ese vacío de información lo llena la imaginación, y la imaginación, cuando hay ansiedad de base, casi nunca llena los vacíos con explicaciones tranquilizadoras.
La turbulencia tropical. Las rutas hacia el Caribe cruzan zonas de convección tropical más activa que otras regiones, lo que estadísticamente implica más probabilidad de encontrar turbulencia moderada en algún tramo del vuelo. Es real, y lo vamos a explicar en detalle pero real no es lo mismo que peligroso.
Desde lo psicológico, hay algo más de fondo: cuando desconocemos algo, la mente llena los vacíos con hipótesis, y cuando estamos ansiosos, esas hipótesis casi siempre son negativas. Por eso el miedo a volar casi nunca empieza en el aeropuerto. Empieza días o semanas antes, en la propia cabeza de quien va a viajar.
El miedo a volar casi nunca es miedo al avión
A lo largo de mi carrera emití miles de pasajes. Vi despegar a viajeros que subían con la mochila liviana y la sonrisa fácil, a otros que volaban por trabajo sin pensarlo dos veces, y a muchos que se acomodaban en el asiento con el cuerpo tenso y la mirada fija en la ventanilla. Con los años aprendí algo que cambia por completo cómo se aborda este tema: la mayoría de las personas no le tienen miedo al avión. Le tienen miedo a lo que imaginan que puede pasar.
Esto no es solo una impresión de campo. Distintos relevamientos ubican entre un cuarto y un tercio de los adultos con algún grado de ansiedad al volar, y una proporción bastante menor de entre el 6% y el 7% con un cuadro que califica como fobia clínica, con evitación real del vuelo. Es, en otras palabras, uno de los miedos más comunes que existen, y también uno de los que mejor responde a información y herramientas concretas.
Desde la Terapia Gestalt: el miedo no es el enemigo
Acá es donde entra una mirada distinta a la puramente técnica. Desde el enfoque Gestalt, el miedo no es algo que haya que combatir ni una señal de debilidad: es una respuesta natural del organismo frente a algo que percibe como desconocido. Vicky Curti lo explica de forma muy simple:
“El problema no es sentir miedo. El problema aparece cuando creemos que no deberíamos sentirlo.”
Esa distinción cambia todo el enfoque. Cuanto más se intenta eliminar la ansiedad a la fuerza, más tensión se genera es un poco como querer calmar el agua golpeando la superficie. Desde la Gestalt, la transformación empieza cuando la persona deja de luchar contra lo que siente y empieza, en cambio, a darse cuenta de qué es exactamente lo que está sintiendo, sin la capa extra de juicio “no debería sentir esto”, “algo anda mal conmigo” que casi siempre agranda la sensación original.
Este principio el darse cuenta, o awareness, como eje central del trabajo Gestalt no es una técnica de relajación más: es un cambio de relación con la propia experiencia. No se trata de convencerse de que no hay nada que temer, sino de poder estar presente con lo que efectivamente se siente, sin la historia catastrófica que la mente arma alrededor.
Qué le pasa a tu cuerpo cuando el avión despega
Muchas personas interpretan las sensaciones de la ansiedad como señales de peligro real. El corazón se acelera, las manos transpiran, la respiración cambia, aparece una sensación de alerta generalizada. Fisiológicamente, ninguna de esas reacciones significa que algo malo esté ocurriendo: es el sistema nervioso activando sus mecanismos de defensa ante lo que interpreta como una amenaza.
El cuerpo no distingue bien, todavía, entre una amenaza real y una imaginada. Reacciona igual ante un peligro concreto que ante el pensamiento de un peligro. Y aunque el avión sea, estadísticamente, uno de los medios de transporte más seguros que existen un estudio del MIT ubica el riesgo de fallecer en un vuelo comercial en 1 cada 13,7 millones de embarques a nivel global entre 2018 y 2022, el organismo no lo sabe: sigue el patrón de alerta que trae incorporado desde mucho antes de que existieran los aviones. Entender este mecanismo suele traer un alivio real: no estás perdiendo el control ni te está pasando algo raro. Estás teniendo una respuesta humana absolutamente normal, solo que activada en un contexto que no la necesita.
Qué ocurre realmente dentro del avión
Buena parte del miedo se sostiene en el desconocimiento de cómo funciona, en la práctica, un vuelo comercial. Estos son los puntos que, en mi experiencia, más tranquilizan cuando se explican bien.
Redundancia. Todos los sistemas críticos de un avión comercial hidráulicos, eléctricos, de navegación existen por duplicado o triplicado. Si uno falla, otro lo reemplaza de inmediato. Un avión no depende de un solo componente para nada esencial.
Los pilotos. Un piloto comercial de línea entrena durante años antes de sentarse en la cabina de un vuelo de pasajeros, y después sigue entrenando: simulacros periódicos de emergencias, evaluaciones recurrentes, entrenamiento específico en situaciones que en la vida real casi nunca van a enfrentar. La preparación para lo inusual es, literalmente, parte central del trabajo.
El mantenimiento. Cada avión comercial sigue un calendario de revisiones estrictamente regulado, con inspecciones que van desde chequeos previos a cada vuelo hasta revisiones profundas cada determinada cantidad de horas de vuelo. No es un sistema que dependa de la buena voluntad de una aerolínea: lo exigen los entes reguladores de aviación civil en todo el mundo.
Los radares meteorológicos. El avión lleva radar propio que detecta la humedad y la intensidad de las tormentas en su ruta, lo que le permite al piloto desviarse con margen de por medio —normalmente varios kilómetros de distancia lateral y varios miles de pies de altura respecto a una tormenta importante— antes de acercarse.
Nada de esto es azar ni buena suerte: es un sistema diseñado, en capas, para que ningún punto único de falla pueda comprometer la seguridad del vuelo y los números lo reflejan: el informe anual de seguridad de IATA ubicó la tasa de accidentes de 2025 en 1,32 cada millón de vuelos, frente a 3,72 hace dos décadas.
La verdad sobre las turbulencias
Si hay una palabra que dispara la ansiedad de la mayoría de los pasajeros, es turbulencia. Después de décadas en el sector puedo decirlo con total tranquilidad: la turbulencia es parte normal del vuelo. Los pilotos la esperan, la estudian y la atraviesan de forma rutinaria.
Hay, básicamente, dos tipos. La turbulencia asociada a tormentas (nubes de tipo cumulonimbus) sí se puede anticipar y evitar, porque el radar del avión detecta la humedad que contienen esas nubes con claridad, y los pilotos las rodean con amplio margen. La turbulencia de aire claro (conocida técnicamente como CAT, clear air turbulence), en cambio, ocurre en altitudes altas donde se encuentran masas de aire que se mueven a velocidades distintas típicamente cerca de corrientes en chorro y no siempre se detecta con el radar, porque no hay humedad de por medio que reflejar. Por eso a veces “aparece de la nada”: los pilotos la anticipan con reportes meteorológicos y avisos de otros vuelos, pero no siempre pueden verla venir en pantalla.
Lo que importa entender es esto: en ninguno de los dos casos la turbulencia representa un riesgo para la estructura del avión. Las alas de un avión comercial están diseñadas para flexionar esa flexibilidad es justamente lo que absorbe el estrés del movimiento, y antes de la certificación se las somete a pruebas de carga muy por encima de lo que van a experimentar jamás en un vuelo real, habitualmente hasta un 150% de la carga máxima esperada. Una turbulencia fuerte es, para la estructura del avión, un evento menor comparado con los márgenes para los que fue diseñado y probado. Es, en términos simples, al avión lo que un camino con pozos es al auto: incómodo, puede sorprenderte, pero no compromete al vehículo.
¿Es peligroso volar sobre el océano?

Esta es, probablemente, la pregunta que más se busca sobre este tema, y la respuesta tiene un nombre técnico poco conocido fuera de la industria: ETOPS.
Aunque durante buena parte del trayecto no se vea tierra, el avión nunca está realmente “solo”. Los aviones bimotores que hoy cubren la mayoría de las rutas de larga distancia incluidas casi todas las que conectan Sudamérica con el Caribe están certificados bajo normas ETOPS (Extended-range Twin-engine Operational Performance Standards), un esquema regulatorio internacional que exige demostrar, con datos de fiabilidad reales del motor y sistemas de respaldo redundantes, que el avión puede seguir volando con seguridad y llegar a un aeropuerto alternativo incluso si un motor dejara de funcionar. Según la certificación de cada avión, esa capacidad de desvío puede llegar a superar las seis horas de vuelo con un solo motor operativo el detalle técnico completo lo regula, entre otros, la FAA en su circular AC 120-42B.
En la práctica, esto significa que toda ruta oceánica está planificada con anticipación considerando aeropuertos alternativos disponibles en todo momento, vigilancia satelital, comunicación constante con control de tráfico aéreo y un avión certificado específicamente para ese tipo de trayecto. No es una improvisación ni una zona sin cobertura: es, si acaso, una de las partes más reguladas y planificadas de todo el vuelo.
Qué asiento elegir si tenés miedo a volar

La ubicación dentro del avión sí influye en cuánto se percibe el movimiento, porque la física del vuelo hace que unas zonas se muevan menos que otras.
| Zona del avión | Percepción del movimiento | Recomendación |
|---|---|---|
| Sobre las alas | La más baja: es el punto de apoyo estructural, cerca del centro de gravedad | La mejor opción si el miedo a las turbulencias es tu principal preocupación |
| Delantera (cerca de la cabina) | Baja a moderada | Buena alternativa, con acceso más rápido a la tripulación de cabina |
| Zona media | Moderada | Punto intermedio razonable |
| Cola del avión | La más alta: es la parte que más oscila con cada movimiento | Evitarla si el miedo a volar es un tema para vos |
Sumale a esto una elección de pasillo o ventanilla según lo que a vos te tranquilice más: el pasillo da sensación de mayor libertad de movimiento, y la ventanilla le da a algunas personas un punto de referencia visual que ayuda a anclar la atención.
Cómo preparar el vuelo con anticipación
Una semana antes. Reservá el asiento con anticipación (elegí zona sobre el ala si podés). Si vas a usar alguna técnica de respiración o de regulación, empezá a practicarla ahora, no el día del vuelo: cualquier herramienta nueva funciona mejor si ya la probaste antes de necesitarla de verdad.
Tres días antes. Confirmá todo lo logístico documentación, check-in online, traslado al aeropuerto para que el día del vuelo no sume ninguna sorpresa de último momento a la carga emocional que ya vas a estar manejando.
Veinticuatro horas antes. Dormí lo mejor que puedas. La privación de sueño amplifica la reactividad del sistema nervioso, así que llegar descansado no es un detalle menor.
Dos horas antes. Llegá con margen real al aeropuerto. Correr contra el reloj suma una ansiedad completamente evitable encima de la que ya estás manejando por el vuelo en sí.
Durante el embarque. Elegí conscientemente en qué vas a poner la atención una playlist, un libro, una conversación en vez de dejar que la mente divague sola hacia el peor escenario posible.
En el despegue y durante el crucero. Es el momento de aplicar las herramientas de respiración y de observación que explico en la próxima sección.
En el aterrizaje. Sabé que los ruidos y cambios de sensación (frenado, reversa de motores, descenso de tren de aterrizaje) son parte esperada de la maniobra, no señales de que algo salió mal.
Qué hacer durante el vuelo

Acá es donde se combinan, en la práctica, lo que sé del avión y lo que Virginia trabaja desde la Gestalt.
Observá sin juzgar. Cuando notes que la ansiedad sube, en vez de pensar “tengo miedo”, pará un segundo y preguntate: ¿qué siento exactamente?, ¿dónde lo siento en el cuerpo?, ¿cómo es esa sensación, más allá de la etiqueta “miedo”? Muchas veces vas a descubrir que es tensión concreta en el pecho, o un nudo en el estómago algo específico y manejable, no la nube difusa de “pánico” que la mente arma cuando no se detiene a mirar en detalle.
Respirá con intención. Una exhalación lenta y más larga que la inhalación le avisa al sistema nervioso que puede bajar la alerta. Un patrón simple: inhalá contando hasta cuatro, exhalá contando hasta seis. Repetilo varias veces seguidas, no una sola vez.
Buscá un anclaje físico. Apoyar los pies con firmeza en el piso, sostener algo con las manos, sentir el peso del propio cuerpo contra el asiento: son formas simples de traer la atención de vuelta al presente concreto, en vez de a la anticipación de lo que podría pasar.
Movete un poco. Cambiar la posición de las piernas, estirar los brazos, caminar hasta el baño cuando el cinturón lo permite: el movimiento físico ayuda a descargar parte de la activación del cuerpo.
Usá el sonido a tu favor. Auriculares con cancelación de ruido y una playlist o un audiolibro elegidos de antemano bajan tanto el estímulo externo (el ruido del motor, conversaciones ajenas) como el espacio mental disponible para que la ansiedad ocupe todo el primer plano.
Avisá a la tripulación si lo necesitás. Los tripulantes de cabina están entrenados para acompañar a pasajeros con miedo a volar. Pedir ayuda en el momento no es una debilidad: es usar un recurso que existe precisamente para eso.
Kit para volar más tranquilo
No se trata de comprar cosas por comprar: son herramientas concretas que, sumadas a las técnicas de arriba, hacen una diferencia real en un vuelo largo.
Auriculares con cancelación de ruido Sony WH-1000XM5 — bajan el ruido del motor y de la cabina, que por sí solo ya suma carga sensorial a un cuerpo en alerta.
Almohada de viaje Cabeau Evolution S3 — sostener bien la cabeza y el cuello ayuda a relajar la tensión física que se acumula en un vuelo de varias horas.
Kit de antifaz y tapones para dormir — bloquear luz y ruido facilita descansar o al menos bajar el nivel de estímulo durante el tramo más largo del vuelo.
Compará los planes de IATI y Genki acá — no resuelven el miedo a volar, pero sacan de la ecuación una fuente real de incertidumbre (imprevistos médicos o de itinerario), y reducir incertidumbre en lo que sí se puede controlar deja más margen para manejar lo que no.
Errores que aumentan la ansiedad antes de volar
- Tomar mucho café o bebidas con cafeína antes del vuelo: acelera exactamente los mismos síntomas físicos (taquicardia, alerta) que ya produce la ansiedad por su cuenta.
- Dormir poco la noche anterior, lo que deja al sistema nervioso con menos capacidad de regularse.
- Llegar corriendo al aeropuerto y sumar estrés logístico evitable al que ya trae el vuelo.
- Buscar videos de turbulencias fuertes o noticias de accidentes aéreos en los días previos: alimenta exactamente el tipo de imaginación catastrófica que más ansiedad genera.
- No comer antes del vuelo: la baja de energía se puede confundir fácilmente con síntomas de ansiedad y retroalimentarlos.
- Usar alcohol como forma de calmarse: da una sensación de alivio inicial que después empeora la calidad del descanso y, en algunos casos, intensifica la ansiedad al bajar el efecto.
Lo que aprendí después de 25 años trabajando en aviación
Si hay algo que vi repetirse una y otra vez es esto: casi todos los pasajeros que suben con miedo bajan del avión diciendo alguna versión de la misma frase “no fue tan terrible como pensaba”. El sufrimiento anticipado, en la enorme mayoría de los casos, termina siendo mucho más grande que la experiencia real del vuelo. No lo digo para minimizar lo que se siente antes: lo digo porque es el dato que, con la información correcta, más ayuda a relativizar la anticipación.
Lo que yo haría, si el miedo a volar me estuviera frenando un viaje al Caribe que de verdad quiero hacer: no esperaría a “no tener miedo” para reservar el pasaje. Prepararía el viaje con la anticipación que explico arriba, elegiría bien el asiento, llevaría las herramientas que ayudan, y confiaría en que un sistema diseñado en capas redundancia, entrenamiento, mantenimiento, certificación está ahí exactamente para sostener lo que mi imaginación no puede controlar. El miedo no se negocia con lógica en el momento en que aparece; pero se prepara con anticipación, y eso sí está en nuestras manos.
La mirada de la Terapia Gestalt, en profundidad
Desde el enfoque Gestalt, buena parte del sufrimiento asociado al miedo a volar no viene del miedo en sí, sino de la relación que establecemos con él: la lucha por eliminarlo, el juicio de que “no debería sentir esto”, la desconexión del cuerpo cuando la mente se va por delante hacia escenarios que todavía no pasaron.
Un principio central de este enfoque es el de darse cuenta (awareness): poder registrar, momento a momento, qué está pasando en el propio cuerpo y en la propia mente, sin la capa extra de interpretación catastrófica. Aplicado al miedo a volar, esto se traduce en algo muy concreto: en vez de “me va a agarrar un ataque de pánico y no voy a poder controlarlo”, la invitación es notar la sensación real, tal cual es, en ese momento que casi siempre es más manejable que la historia que la mente construyó alrededor.
Otro concepto que aporta esta mirada es el de contacto con el aquí y ahora: el miedo a volar se alimenta, en gran medida, de proyecciones hacia el futuro (qué podría pasar) y de repeticiones de experiencias pasadas (lo que ya sentí otras veces). Traer la atención al presente concreto esta respiración, este apoyo de los pies, este sonido puntual es, en la práctica, lo que interrumpe ese circuito de anticipación constante.
No es una técnica para “no sentir miedo nunca más”. Es un cambio de relación con la experiencia que permite atravesarla sin que el miedo decida, por sí solo, si el viaje se hace o no.
Viajar también es un acto de confianza
Cuando viajamos al Caribe buscamos descanso, desconexión, experiencias nuevas. Pero a veces se nos olvida que el primer viaje ocurre adentro, antes de cualquier despegue. Cada vuelo es, en el fondo, una invitación a confiar: en los profesionales que operan la aeronave, en los sistemas de seguridad que la sostienen, y en la propia capacidad de atravesar la incertidumbre sin necesitar controlarlo todo de antemano. Así funciona, en general, la vida: rara vez tenemos control absoluto sobre lo que viene, y aun así avanzamos.
El Caribe merece más espacio que tus miedos
Las playas de arena blanca, el mar turquesa, los atardeceres que parecen durar más de lo que duran, los momentos compartidos con quienes uno ama: todo eso merece más lugar en tu vida que los escenarios catastróficos que fabrica la ansiedad antes de un vuelo. Si hoy el miedo a volar te está frenando, quizás no necesites eliminarlo por completo. Tal vez alcance con dar el próximo paso acompañado de información, de herramientas concretas, y de un poco más de confianza en vos mismo que en tus miedos.
Cómo dar el primer paso hacia tu viaje al Caribe
Cuando te sientas listo, que lo logístico no sea la excusa. Buscá tu vuelo al Caribe con nuestro comparador acá, y aprovechá para comparar bien las opciones: en nuestra guía para encontrar vuelos baratos explicamos cómo leer el gráfico de precios y evitar los mitos que hacen perder tiempo sin bajar realmente la tarifa.
Reservar con anticipación y tener todo resuelto vuelo, seguro, alojamiento también reduce la ansiedad de fondo: cuanto menos espacio dejás a la incertidumbre logística, más margen tenés para manejar la incertidumbre del vuelo en sí. Si tu destino es la Riviera Maya, tenemos guías con recomendaciones reales de dónde alojarte en Playa del Carmen según la zona y qué hacer una vez que llegaste.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se llama el miedo a volar?
Se conoce como aerofobia (o aviofobia). Es una de las fobias específicas más comunes que existen, y en la mayoría de los casos responde bien a información y a herramientas de regulación emocional.
¿Es normal sentir angustia o incluso llorar antes de un vuelo?
Sí. Es una respuesta emocional intensa pero normal cuando hay ansiedad anticipatoria de base. No es una señal de que algo está mal con vos.
¿Puede darme un ataque de pánico durante el vuelo?
Es posible, sobre todo si ya tenés antecedentes de ataques de pánico en otros contextos. Las técnicas de respiración y de anclaje al presente ayudan a manejarlo, y avisar a la tripulación es una opción real si lo necesitás.
¿Los pilotos sienten miedo alguna vez?
Entrenan específicamente para separar la reacción emocional de la toma de decisiones técnicas. Eso no los vuelve inmunes a sentir tensión en una situación exigente, pero sí los prepara para actuar con criterio más allá de lo que sientan en el momento.
¿Qué pasa si el avión vuela cerca de una tormenta?
Los pilotos usan el radar meteorológico para rodear las tormentas con amplio margen de distancia y altura. No se atraviesan tormentas fuertes a propósito.
¿Por qué se mueve el avión aunque no haya tormenta a la vista?
Puede ser turbulencia de aire claro (CAT), que ocurre en altitudes altas por el encuentro de masas de aire a distinta velocidad y no siempre se ve venir en el radar. Es incómoda, pero no compromete la estructura del avión.
¿Qué es ETOPS?
Es la certificación que exige que un avión bimotor pueda seguir volando con seguridad y llegar a un aeropuerto alternativo incluso si un motor dejara de funcionar, con capacidad de desvío de varias horas según el modelo. Es lo que permite que los aviones actuales crucen océanos con total respaldo operativo.
¿Puede caer un avión por una turbulencia?
No por la turbulencia en sí. Las alas están diseñadas y probadas para soportar cargas muy superiores a las que genera incluso una turbulencia fuerte.
¿Es mejor intentar dormir durante el vuelo?
Para muchas personas sí, porque reduce el tiempo de exposición consciente a la ansiedad. No es necesario forzarlo si no aparece naturalmente: las técnicas de respiración y anclaje funcionan igual estando despierto.
¿Conviene medicarse para volar?
Es una decisión que corresponde hablar con un profesional de la salud, no algo para resolver por cuenta propia el mismo día del vuelo. Si el miedo es intenso o paralizante, consultar antes del viaje no en el aeropuerto es lo más sensato.
¿Cuánto dura habitualmente un pico de ansiedad durante el vuelo?
Suele ser más corto de lo que se siente en el momento: los picos de activación fisiológica tienden a bajar solos en varios minutos si no se los alimenta con pensamientos catastróficos adicionales.
¿Cómo ayudo a un niño con miedo a volar?
Explicándole con lenguaje simple qué va a sentir (el despegue, algún movimiento) antes de que pase, validando lo que sienta sin minimizarlo, y modelando con tu propia calma: los chicos suelen regular su ansiedad en función de cómo ven reaccionar al adulto de referencia.
Una invitación final
En Altitud Cero creemos que viajar puede ser mucho más que trasladarse de un punto a otro: puede ser una oportunidad para conocernos mejor, correr un poco nuestros propios límites y descubrir otras formas de estar en el mundo. Si estás planeando tu viaje al Caribe y el miedo a volar aparece en el camino, quedate con esto: no necesitás sentirte completamente seguro para viajar. Solo necesitás confiar un poco más en vos que en tus miedos.
Artículo escrito por Guzmán Santiso (especialista en aviación y turismo) con la colaboración de Vicky Curti, terapeuta Gestáltica Integrativa (Escuela Gestalt Viva Claudio Naranjo, Uruguay), colaboradora del Programa SAT Uruguay.